miércoles, 18 de marzo de 2015
viernes, 16 de enero de 2015
Después de una siesta fallida, a eso de las seis de la tarde me bañé y salí de mi casa. Todo planeado; suéter por si hace frío, cigarros por si me aburro, música para el camino y 20 pesos de saldo por si algo sale mal.
"No voy a tomar" le dije a mi mamá para que me prestara el carro, pues, después de 20 veranos de conocer a una persona, es normal sentir desconfianza de alguien que sábados y domingos se levanta con sed y dolor de cabeza; y una que otra vez sin celular. Sin embargo, me dijo que sí.
"Cerco blanco, a un lado de un carro oldies"- decía el mensaje.
Después de dos vueltas a la calle sin encontrar el "carro oldies" me paro en el oxxo de la esquina para marcarle, al segundo, un señor con una franela manchada de aceite se me acerca y me dice que me limpia el carro y le digo que no, pero le doy diez pesos y le digo que compre comida porque es lo último que me queda, es mentira, pero siempre lo digo. Me bajo al oxxo y compro dos misiles. Tecate roja porque sólo me voy a tomar una. Porque el carro es prestado y "no voy a tomar".
Le marco al Ivan y le digo que no encuentro su casa. Me dice que es un cerco blanco y que hay un pick up blanco enfrente. Me subo al carro y dos vueltas más tarde a la misma calle ahí está parado, entre el cerco y el pick up blanco.
Han pasado varios meses desde la última vez que lo miré en Tijuana. Los dos en muy malas condiciones, pero la situación era muy parecida a esta: un bar, cerveza y unas bandas de D-Beat local. Una especie de presagio, pero, ¿quién se fija en esas cosas? Además, desde que lo conozco lo he visto si acaso cinco veces y me cae muy bien para ponerme superticioso.
Pasamos al patio de su casa y nos ponemos a platicar de la última vez que fue a Tijuana, la última que fui yo, la última que fuimos juntos y la última que ni uno de los dos fue. Nos tomamos la única cerveza que me voy a tomar mientras vemos al Aczino sentenciar al Hadrian de traición en nombre del rap en televisión nacional y lo celebramos, también vemos al Danger decirle al sipo que el rap necesita un adelanto y la cosa se calienta. Yo quiero otra caguama, roja, porque ya será la última, ahora sí.
Nos vamos a la tocada, suena el Serko en el radio y el Ivan me cuenta de como le va con el grabado y las figuras de cerámica en la escuela. Después de una llamada, un par de semáforos, las llaves del carro perdidas y otra caguama, por fin llegamos al lugar y ya no estoy en condiciones de manejar.
Adentro del lugar el sonido no es lo que esperaba. Todo está oscuro y sólo veo sombras y voces que se asoman a través de un par de luces, algunas rojas, y otras verdes, azules o amarillas. Me encuentro a algunos conocidos y no se qué les digo, los saludo al calor del alcohol y recibo un abrazo muy grato. Ya no sé en dónde estoy parado, sólo se que está pegajoso.
Voy al baño y regreso. Para mi mala suerte, la única canción que conozco ya se está acabando y eso si me pone mal. En eso recibo un golpe en la cara, alguien me jala por la espalda, un empujón después; me dan otro golpe y se me cae la caguama - o lo que queda de ella- y me resbalo.
Se apaga la luz, la música baja de volumen, como si se difuminara y se mezclara con los gritos, las luces se vuelven blancas, se prenden y se apagan de forma intermitente y en cámara lenta; pero el cuarto se pone cada vez más oscuro con cada parpadeo de las luces, que ahora son blancas, azules, verdes, rojas y amarillas. El piso está mojado y siento que me jalan, no se si me levantan o me arrastran.
Cuando me levanto traigo el labio hinchado y las rodillas raspadas, traigo sangre en la cara y me duele la cabeza. Todo está en silencio y no recuerdo nada.
Me levanto y miro por la ventana. El carro está bien, pero yo no podría sentirme peor.
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